Más allá de Keynes y Hayek

Para acelerar la recuperación, miremos más allá de las teorías económicas de Keynes y Hayek. Hay una tercera y una cuarta vía.

Meghnad Desai y Robert Skidelsky

28/10/2010

Publicado originalmente en The Guardian: Beyond Keynes and Hayek


Hayek y Keynes



Debemos de estar muy nerviosos para que una desaceleración en la tasa de crecimiento sea aclamada como un triunfo de la recuperación. Lo cierto es que no existe un impulso firme de recuperación. Elija sus pronósticos. Podemos conseguir, a lo sumo, un 1,8 por ciento este año y un 1,6 por ciento el siguiente. La revisión del gasto global ha establecido una ruta para los recortes en el gasto público en términos reales durante los cuatro años siguientes, hasta 2014-15, y la eliminación del déficit en el mismo período. El presupuesto de capital se prevé que disminuya en un 46 por ciento en términos reales. El gobierno espera que la reducción del déficit "atraerá" por sí misma la inversión privada. Mientras tanto, esperamos que el Banco de Inglaterra haga una flexibilización cuantitativa, manteniendo bajas las tasas de interés a corto plazo.

Muchos están pidiendo un impulso keynesiano de gasto deficitario para reactivar la economía y/o evitar la recaída en la recesión. Suponemos que esto es poco probable, ya sea porque la experiencia demuestra que los multiplicadores son bajos y el gobierno cree que los mercados no ven bien una reactivación fiscal financiada por un gran gasto deficitario, o porque el gobierno piensa que la crisis actual no es una crisis de demanda insuficiente típicamente keynesiana y, por lo tanto, que un impulso fiscal podría ser contraproducente.

También parece que la flexibilización cuantitativa no ha tenido un efecto estimulante sobre la economía. A donde quiera que el dinero se haya ido, no ha sido a la economía real. Una situación similar prevalece en Estados Unidos, donde, como Alan Greenspan señaló en el Financial Times del 6 de octubre, las compañías están utilizando la oferta de dinero para comprar activos líquidos en lugar de hacer inversiones "reales".

Los consumidores no están gastando, sino que están ahorrando para reducir su endeudamiento, que pese a todo sigue siendo grave. Tendrá que reducirse mucho más la deuda antes de que el efecto negativo de la riqueza se desvanezca y se reanude el gasto.

Esto es lo que dice la teoría de Hayek. La crisis, dice, se debe a que ha habido crédito barato a largo plazo que ha dado pie a realizar malas inversiones, como las hipotecas sub-prime. Las expectativas de los bancos de créditos cambian, tenemos una reversión del crédito barato y el derrumbamiento del auge.

La explicación de Hayek de los orígenes de la crisis puede ser consistente con la de Keynes si se considera la economía mundial en su conjunto. Para Keynes, la crisis es causada por un exceso de ahorro respecto a la inversión. Un keynesiano contemporáneo diría que una parte del mundo, encabezada por China, gana más de lo que gasta, y otra parte, en particular Estados Unidos, gasta más de lo que gana. El crédito barato en Occidente fue la respuesta "correcta" a la avalancha de ahorro en el Este. Pero, como no había posibilidades suficientes para hacer inversiones "reales" en países como Estados Unidos, que ya tenían muchos capitales, el dinero barato condujo precisamente a una crisis hayekiana: un auge del crédito que hizo posible malas inversiones que terminaron en verdaderos descalabros.

El punto esencial es que tanto hayekianos como keynesianos creen que, una vez que la economía se ha desplomado, la recuperación requerirá mucho tiempo. Hayek cree que la recuperación de la crisis causada por el consumo excesivo y la escasez de ahorro tiene que seguir su curso, y no puede ser acelerada por un estímulo keynesiano de tipo fiscal o monetario. Se necesita tiempo para que los consumidores vuelvan a ahorrar y las empresas se convenzan de que la rentabilidad ha sido restaurada. Los keynesianos creen que, una vez que la demanda agregada ha disminuido, la única manera de conseguir que la economía crezca otra vez es mediante un impulso fiscal y monetario.

Si no queremos esperar a las "fuerzas naturales" hayekianas y, al mismo tiempo, reconocemos que la política keynesiana ortodoxa de estímulo fiscal y monetario (si funciona) solo recreará la antigua y defectuosa estructura de producción, ¿hay alguna forma de acelerar la recuperación?

Hay dos medidas políticas no ortodoxas para reactivar la economía que merecen ser tomadas en cuenta. Primera, con el fin de que los consumidores gasten en lugar de ahorrar, podríamos adoptar la idea de dinero sellado de Silvio Gesell. Este dinero pierde poder adquisitivo si no se gasta de inmediato. La forma más fácil de poner dinero en los bolsillos de los consumidores sería darles un vale de compras válido para un mes.

Segunda, un préstamo de recuperación que enjugaría el dinero de los bancos, empresas y hogares para los que, en la actualidad, no hay uso. Y utilizarlo para proyectos de infraestructuras: el enlace ferroviario de alta velocidad, la construcción y reparación de carreteras, y la construcción de viviendas por parte de las autoridades locales; o proyectos que tengan que ver con las emisiones de carbono: aislamiento de casas y paneles solares. Podría crearse una empresa encargada de recaudar fondos para estos proyectos que no incrementaría el déficit.

La idea es hacer cosas que alienten el gasto inmediatamente, con el objetivo de reactivar la inversión privada cambiando las expectativas empresariales.

Podemos ponernos de acuerdo en la necesidad de un programa de recuperación, aunque no estemos de acuerdo sobre los orígenes de la crisis. El economista Lionel Robbins aceptó la visión de Hayek sobre los orígenes de la Gran Depresión, pero llegó a creer en el remedio keynesiano. Como él ha dicho, no niegas a un beodo que ha caído en un estanque helado mantas y estimulantes sobre la base de que su problema original era el sobrecalentamiento.




Meghnad Desai es profesor honorario de economía en la LSE y miembro del Partido Laborista británico. Robert Skidelsky, profesor honorario de economía política y miembro independiente de la Cámara de los Lores, es autor de El regreso de Keynes (Crítica, 2009).

Traducción: Javier Villate

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