Movimientos sociales e instituciones alternativas

He leído últimamente varias aportaciones sobre el 15-M y la situación actual en el Estado español. Después de la sorpresa inicial, diferentes ideólogos de la izquierda española han empezado a diseñar proyectos o estrategias para ese movimiento y para la izquierda en general.

Hace poco, Jaime Pastor hacía su balance de lo que ha supuesto el 15-M, un balance positivo, para él, salvo en lo que se refiere a la relación con los partidos y con "la izquierda de la izquierda" en particular. En su opinión, es "evidente" la necesidad de crear un "amplio bloque social, político y cultural". Pastor subraya que el 15-M y la "izquierda de la izquierda" tienen que "buscar formas de convergencia" para que la rebeldía y la movilización adquieran "credibilidad"

Carlos Martínez, presidente de ATTAC Andalucía (Jaime Pastor es miembro del Consejo Científico de ATTAC España y dirigente de Izquierda Anticapitalista), no se aparta mucho del análisis y propuesta de Pastor, pero es un poco más crítico con el 15-M, por autoconsiderarse como "ni de izquierdas ni de derechas", algo que Martínez juzga "peligroso".

En el nivel de las propuestas, Martínez es más claro que Pastor, al defender una izquierda que persiga alcanzar el poder, algo que también le distancia del 15-M. Y para alcanzar el poder, Martínez cree necesario "articular una amplia alianza popular y antineoliberal", algo que se parece bastante el "amplio bloque social, político y cultural" de Pastor. En opinión de Martínez, el 15-M no ha puesto en cuestión al capitalismo, pero acto seguido propone que su alianza popular articule un "programa mínimo antineoliberal".

Yo quiero discrepar de ambos. Resumiré mis discrepancia en dos puntos principales. En primer lugar, no creo que la izquierda, el 15-M o una alianza popular deban proponerse alcanzar el poder. Y el hecho de que el 15-M renuncie explícitamente a ello me parece algo sumamente positivo. Alcanzar el poder, ¿para qué? ¿Pueden darnos Martínez o Pastor algún ejemplo en el que la izquierda haya alcanzado el poder y no lo haya echado todo a perder? O bien la han machacado y reducir a cenizas (por ejemplo, en Chile), o bien se ha convertido en una izquierda autoritaria (ejemplos, a patadas), en ocasiones creando los peores regímenes que se hayan conocido en la historia moderna. Por supuesto, pueden argumentar que aquellas izquierdas eran "malas" y que las que ellos defienden son "buenas". Pero ese argumento no convencerá a nadie y no tiene ningún punto de apoyo en la experiencia histórica. ¿Por qué hemos de creer que va a suceder algo que, habiéndose intentado muchísimas veces en el pasado, no ha cuajado jamás?

En lugar de buscar cambiar la sociedad desde arriba, desde el poder, creo preferible cambiar la sociedad desde abajo, desde la autoorganización, la creación de nuevas instituciones y nuevas relaciones sociales, instituciones basadas en la libertad, la cooperación, la responsabilidad social. De hecho, esto ya está sucediendo. Está sucediendo en Grecia y está sucediendo en EEUU, y entre medio en muchos otros países capitalistas avanzados. Son bancos alternativos, cooperativas de crédito, cooperativas de trabajadores, cooperativas de consumo, comercio justo, espacios de intercambio o trueque de servicios y/o bienes, coordinaciones de estos tipos de organizaciones a niveles locales y regionales, monedas locales, foros de internet y un largo etcétera. El 15-M, los indignados/as y movimientos similares encajan en esta orientación. Y con ello entramos en el segundo punto que quería subrayar.

Esta es una orientación sin programa, sin jerarquías, sin proyectos electorales o de construcciones de alianzas o bloques. Es una orientación que hace camino al andar, abierta a la experimentación y a la progresiva coordinación según avanza la experiencia. Una orientación que se desarrolla de forma multifacética (democracia, corrupción, recortes, desahucios...), algo que es siempre visto con desconfianza por la mentalidad partidista (incluso por las mentes más abiertas y flexibles, que aspiran a lo que llaman una "perspectiva global", es decir, hablando en plata, unitaria). No son "alianzas" o "bloques" lo que estos movimientos buscan espontáneamente, sino REDES, coordinación, cooperación para esto y lo otro, que es preferible que duren solo mientras haya necesidad y no por siempre, bajo líderes reconocidos que, sin la presión de la necesidad apremiante, se convierten en sustitutos de la acción de base.

Creo que Martínez y Pastor creen que para que tanto potencial transformador consiga realmente sus objetivos hay que organizarlo y centralizarlo. Yo creo que no. Yo creo que eso sería el comienzo del fin. Los movimientos sociales han ayudado mucho a transformar nuestras sociedades. Lo han hecho desde abajo, con sus campañas, sus múltiples grupos y colectivos, sus diversas iniciativas y trabajos en diferentes esferas. Eso es lo que han hecho el movimiento feminista, el ecologista y el pacifista, los gays y lesbianas, los insumisos, etc. Se trata de seguir por este camino, pero construyendo instituciones y organizaciones nuevas, nuevos espacios de autonomía y cooperación de múltiples colores y banderas, que se coordinen según lo vayan necesitando y en la medida en que lo necesiten, desarrollando las relaciones mutuas.

Es una propuesta de cambio progresivo (y a veces regresivo) de la sociedad desde abajo, consolidando avances, cambiando mentalidades, presionando a los poderes políticos, económicos y culturales y creando una nueva sociedad en las entrañas de la vieja. Es este un enfoque realmente alternativo al viejo (por muy remozado que se presente) planteamiento de los partidos políticos, las coaliciones y alianzas políticas, que persiguen alcanzar el poder para cambiar la sociedad desde arriba si es que, como ha sucedido siempre, no se corrompen o son derribados violentamente a un gran costo social y humano.

Dejemos que el 15-M y los indignados/as se desarrollen como lo han venido haciendo hasta ahora. Lo que Pastor y Martínez proponen no puede beneficiar ese proceso, pues le sometería a presiones externas y artificiales, derivadas, más bien, de las aspiraciones electorales o partidistas de este o aquel partido o bloque o alianza. Y esas presiones externas no ayudarían a crecer, sino a descubrir lo ya descubierto hasta el hartazgo: esas presiones solo traen divisiones, discusiones inútiles y pérdidas de tiempo, en el mejor de los casos. Que el movimiento indignado crezca siguiendo su propia experiencia y sus propios criterios. Eso les ha ido bien hasta ahora y lo que va bien no hay que cambiarlo.

Vamos despacio porque vamos lejos.

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