Los diez puntos de Anguita y sus carencias
Acabo de leer los diez puntos que Julio Anguita ha propuesto para iniciar un debate que conduzca a la creación de un gran frente cívico, "un poder que al principio no gobierne, pero que determine", según sus propias palabras.
Están bien. Son discutibles. De eso se trata. Pero encuentro dos objeciones de gran importancia.
La primera es la estruendosa ausencia de cualquier referencia al estado de las autonomías y, en particular, a las reivindicaciones vascas y catalanas. Esta ausencia no hace más que confirmar algo que muchos vascos (y seguro que muchos catalanes) vivimos con hartazgo. Los españoles no tienen nada que ofrecer, ni siquiera la izquierda española. Es una constatación desagradable, pues uno siempre busca aliados cuando se trata de luchar por algo. Y a los vascos nos gustaría mucho tener aliados entre los españoles, tanto por interés propio como por el deseo de construir cosas juntos, cosas libertarias, por supuesto, no autoritarias.
Hace poco comentaba en estas páginas mi conclusión: los vascos no podemos esperar nada de España. Después de tantos años, todavía no se ha dado pleno cumplimiento al Estatuto de Autonomía. Es un cachondeo. Y no solo eso, sino que los gobiernos españoles, socialistas o populares, han utilizado las transferencias pendientes como herramientas de presión y chantaje. Deplorable. El cumplimiento obligado de una ley orgánica convertido en extorsión.
El ObSERvatorio de la SER ha realizado una encuesta. El 49 por ciento de los encuestados quiere un estado centralizado, el 24,8 por ciento quiere suprimir las comunidades autónomas y el 23,9 por ciento desea que las autonomías tengan menos competencias que las que tienen actualmente. Juntos representan el 97,7 por ciento de los encuestados. Supongamos que la realidad no es tan centralizadora. ¿El 90 por ciento? ¿El 80 por ciento? ¿El 70 por ciento?
Si después de 34 años de democracia y estado de las autonomías tenemos esta realidad, hay que reconocer que el proyecto de las autonomías ha fracasado. No podemos seguir así otros 30 años.
Pero Julio Anguita guarda silencio al respecto. Es evidente que para él, y para muchos como él en la izquierda española, no es un tema importante. Ya lo sabemos y es lo que hemos experimentado en todos estos decenios.
La segunda ausencia es la lucha por crear espacios de autonomía y cooperación en las entrañas de la sociedad civil. Trabajar para extender los ya existentes (cooperativas de productores y de consumo, banca ética, cooperativas de crédito, sistemas de trueque e intercambio de servicios, etc.), darlos a conocer y, con todo, ayudar a cambiar la mentalidad que hoy nos domina, pasando de la mentalidad meramente 'reivindicativa' a la 'constructiva'. Las energías que se están liberando en estos meses deberían aprovecharse no solo para reivindicar, sino también para construir organizaciones e instituciones cooperativas y de ayuda mutua en todos los niveles (industria, sanidad, educación, crédito, consumo, viviendas, servicios sociales, etc.), alumbrando nuevas relaciones sociales caracterizadas por la igual libertad y la cooperación social. Ya me he extendido en esto en otras entradas del blog.
Esto es lo que debería caracterizar a una nueva izquierda, pero los diez puntos de Anguita es, con perdón, lo de siempre.
Además de estas dos objeciones principales, encuentro otras ausencias notables: ¿qué hacemos con la deuda?, ¿cómo abordamos el tema de la vivienda?, ¿cómo debemos tratar a los inmigrantes? Como supongo que Anguita ha querido centrarse en lo más importante, no hablaré de otras cuestiones como las medioambientales, la educación, etc. Pero las tres citadas no deberían estar ausentes.
Están bien. Son discutibles. De eso se trata. Pero encuentro dos objeciones de gran importancia.
La primera es la estruendosa ausencia de cualquier referencia al estado de las autonomías y, en particular, a las reivindicaciones vascas y catalanas. Esta ausencia no hace más que confirmar algo que muchos vascos (y seguro que muchos catalanes) vivimos con hartazgo. Los españoles no tienen nada que ofrecer, ni siquiera la izquierda española. Es una constatación desagradable, pues uno siempre busca aliados cuando se trata de luchar por algo. Y a los vascos nos gustaría mucho tener aliados entre los españoles, tanto por interés propio como por el deseo de construir cosas juntos, cosas libertarias, por supuesto, no autoritarias.
Hace poco comentaba en estas páginas mi conclusión: los vascos no podemos esperar nada de España. Después de tantos años, todavía no se ha dado pleno cumplimiento al Estatuto de Autonomía. Es un cachondeo. Y no solo eso, sino que los gobiernos españoles, socialistas o populares, han utilizado las transferencias pendientes como herramientas de presión y chantaje. Deplorable. El cumplimiento obligado de una ley orgánica convertido en extorsión.
El ObSERvatorio de la SER ha realizado una encuesta. El 49 por ciento de los encuestados quiere un estado centralizado, el 24,8 por ciento quiere suprimir las comunidades autónomas y el 23,9 por ciento desea que las autonomías tengan menos competencias que las que tienen actualmente. Juntos representan el 97,7 por ciento de los encuestados. Supongamos que la realidad no es tan centralizadora. ¿El 90 por ciento? ¿El 80 por ciento? ¿El 70 por ciento?
Si después de 34 años de democracia y estado de las autonomías tenemos esta realidad, hay que reconocer que el proyecto de las autonomías ha fracasado. No podemos seguir así otros 30 años.
Pero Julio Anguita guarda silencio al respecto. Es evidente que para él, y para muchos como él en la izquierda española, no es un tema importante. Ya lo sabemos y es lo que hemos experimentado en todos estos decenios.
La segunda ausencia es la lucha por crear espacios de autonomía y cooperación en las entrañas de la sociedad civil. Trabajar para extender los ya existentes (cooperativas de productores y de consumo, banca ética, cooperativas de crédito, sistemas de trueque e intercambio de servicios, etc.), darlos a conocer y, con todo, ayudar a cambiar la mentalidad que hoy nos domina, pasando de la mentalidad meramente 'reivindicativa' a la 'constructiva'. Las energías que se están liberando en estos meses deberían aprovecharse no solo para reivindicar, sino también para construir organizaciones e instituciones cooperativas y de ayuda mutua en todos los niveles (industria, sanidad, educación, crédito, consumo, viviendas, servicios sociales, etc.), alumbrando nuevas relaciones sociales caracterizadas por la igual libertad y la cooperación social. Ya me he extendido en esto en otras entradas del blog.
Esto es lo que debería caracterizar a una nueva izquierda, pero los diez puntos de Anguita es, con perdón, lo de siempre.
Además de estas dos objeciones principales, encuentro otras ausencias notables: ¿qué hacemos con la deuda?, ¿cómo abordamos el tema de la vivienda?, ¿cómo debemos tratar a los inmigrantes? Como supongo que Anguita ha querido centrarse en lo más importante, no hablaré de otras cuestiones como las medioambientales, la educación, etc. Pero las tres citadas no deberían estar ausentes.
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