El Movimiento Nueva Economía en auge
Gar Alperovitz
Publicado originalmente en: The Rise of the New Economy Movement, AlterNet, 20/05/2012

A medida que el sistema político empieza a renquear, una oleada de pensamiento innovador y audaces experimentos sacuden silenciosamente a los modelos económicos anticuados. En 'New Economic Visions', una serie especial de AlterNet en cinco partes coordinada por la redactora de economía Lynn Parramore, en colaboración con el economista político Gar Alperovitz, de Democracy Collaborative, se han reunido pensadores creativos para explorar ideas y proyectos interesantes que están dando forma a una visión filosófica y política de un movimiento que podría modificar nuestra economía.
Bajo la superficie de la tradicional atención de los medios de comunicación, algo de vital importancia va tomando fuerza y está a punto de explotar en la conciencia pública. El 'Movimiento Nueva Economía' es una reunión de organizaciones, proyectos, activistas, teóricos y ciudadanos normales comprometidos con la reconstrucción del sistema político-económico de EEUU desde abajo hacia arriba.
El objetivo general es democratizar la propiedad de la economía por parte del '99 por ciento', de una forma participativa y ecológicamente sostenible. El quid de la cuestión es el trabajo práctico aquí y ahora; y un proceso participativo que, además, esté informado por una teoría de conjunto y un conocimiento en profundidad.
Miles de proyectos —desde empresas que funcionan con energía solar a cooperativas de trabajadores y bancos públicos— están en marcha a lo largo y ancho de EEUU. Muchos de estos proyectos son concebidos conscientemente como intentos de desarrollar prototipos de 'laboratorios de democracia' a nivel estatal y local, que puedan aplicarse a escala regional y nacional cuando se den las circunstancias políticas apropiadas.
El movimiento incluye a jóvenes y mayores, gentes del movimiento 'Ocupemos', activistas estudiantiles y lo que un participante más mayor ha descrito como miles de
Una poderosa tendencia de actividad participativa abarca un abanico de modelos económicos que modifican la propiedad y los efectos ecológicos. Las cooperativas, por ejemplo, constituyen un objetivo importante, sobre todo aquellas que hacen hincapié en la participación y en las preocupaciones medioambientales. Las cooperativas Evergreen, de un barrio muy pobre de Cleveland, Ohio, cuyos habitantes son mayoritariamente de raza negra, es un ejemplo a seguir. Evergreen incluye una instalación solar propiedad de los trabajadores y una cooperativa de climatización o acondicionamiento térmico; una vanguardista lavandería comercial a escala industrial en un edificio con certificación LEED-Gold que utiliza —y, por consiguiente, tiene que calentar— solo una tercera parte del agua de otras lavanderías, y un invernadero hidropónico a gran escala —de apertura inminente—, capaz de producir tres millones de lechugas y más de 136.000 kilogramos de hierbas al año.
Los hospitales y las universidades de la zona han acordado utilizar los servicios de las cooperativas y varias ciudades —como Pittsburgh, Atlanta, Washington DC y Amarillo, Texas— están llevando a cabo experimentos similares.
Otros modelos encajan en lo que Marjorie Kelly llama 'economía generativa', emprendimientos que nutren inherentemente a la comunidad y respetan el medio ambiente. Organic Valley es una cooperativa lechera de Wisconsin cuyos ingresos son superiores a los 700 millones de dólares y reúne a casi 1.700 granjeros. Upstream 21 Corporation es una sociedad de cartera
Recientemente, el sindicato United Steelworkers ha roto con la tradición del sindicalismo moderno y ha entrado en un acuerdo histórico con la Corporación Cooperativa Mondragón y al Employee Ownership Center de Ohio. Su objetivo es ayudar a crear cooperativas de trabajadores en EEUU siguiendo las líneas de un nuevo modelo de 'sindicalismo cooperativo'.
El movimiento es también serio sobre la incorporación de modelos anteriores. Más de 130 millones de estadounidenses ya son miembros de una u otra forma de cooperativa, sobre todo de la más conocida, la cooperativa de crédito. Así mismo, hay unas 2.000 empresas de servicios públicos de propiedad municipal, varias de ellas ecológicas. (El 25 por ciento de la electricidad de EEUU es proporcionada por cooperativas y empresas de servicios públicos.) Más de 10 millones de estadounidenses están empleados en unas 11.000 empresas propiedad de los trabajadores (compañías ESOP).
Más de 200 comunidades operan o están estableciendo fondos de tierras comunitarios que compran tierras y viviendas y los entregan a la comunidad. Cientos de 'empresas sociales' emplean los beneficios para fines sociales o comunitarios. Más allá de estas iniciativas, unas 4.500 corporaciones de desarrollo comunitario y 1,5 millones de organizaciones sin ánimo de lucro operan actualmente en todos los estados de la nación.
El movimiento incluye también las campañas 'Mueve tu dinero' y 'día de transferencia bancaria', amplias iniciativas para retirar millones de dólares de gigantes corporativos como Bank of America e ingresarlos en una u otra institución democrática o comunitaria. En relación con esto, existen otros proyectos de 'nuevas finanzas'. Por ejemplo, desde 2010, 17 estados han considerado legislaciones que establezcan bancos públicos siguiendo el ejemplo del Banco de Dakota del Norte.
Varias ciudades —entre ellas Los Angeles y Kansas City— han aprobado ordenanzas sobre 'banca responsable', que requieren a los bancos que informen sobre sus efectos en la comunidad y/o exigen a las instituciones municipales tener tratos solamente con aquellos bancos que atiendan a las necesidades de la comunidad. Otras ciudades, como San Jose y Portland, están desarrollando proyectos para retirar su dinero de los bancos de Wall Street e ingresarlos en otros bancos comerciales, bancos comunitarios o cooperativas de crédito. Políticos y activistas de San Francisco han dando un paso más allá y han propuesto la creación de un banco municipal de propiedad pública.
Hay, también, varios bancos que no son públicos ni cooperativas, pero sí son innovadores, como el New Resource Bank de San Francisco, fundado en 2006
El que fuera director general de JP Morgan, John Fullerton, ha añadido legitimidad y fuerza al debate sobre nuevas orientaciones en materia de finanzas en el Capital Institute, orientado medioambientalmente. Y en varias partes del país, se están utilizando monedas alternativas desde hace bastante tiempo, con el fin de ayudar al desarrollo de la comunidad local. Son de destacar los casos de 'BerkShares' en Great Barrington, Massachusetts, e 'Ithaca Hours' en Ithaca, Nueva York.
También están en marcha las protestas en la calle. El movimiento Ocupemos, junto con muchos otros, han utilizado cada vez más métodos de acción directa en apoyo de nuevos sistemas financieros, y en clara oposición a los existentes. El 24 de abril, más de mil personas protestaron contra las prácticas bancarias en la junta de accionistas de Wells Fargo en San Francisco. Acciones similares —algunas de ellas, ocupaciones físicas de sucursales bancarias— han tenido lugar en muchas partes del país desde que se inició el movimiento Ocupemos en 2011. Se han producido grandes manifestaciones en la junta anual de accionistas del Bank of America en mayo de 2012.
También se está discutiendo qué hacer con las grandes empresas en una 'nueva economía'. Varios abogados, como el profesor Charles Derber, del Boston College, contemplan dar representación a los trabajadores, consumidores, grupos de protección del medio ambiente y representantes de la comunidad en los consejos de administración. Otros apuntan al Fondo Permanente de Alaska, que invierte una parte importante de los ingresos mineros del estado y paga dividendos a los ciudadanos como una cuestión de derechos. Otros, como David Schweickart y Richard Wolff, proponen cambiar todo el sistema para poner énfasis en una u otra forma de propiedad y gestión de los trabajadores. (En la versión de Schweickart, las empresas más pequeñas serían gestionadas directamente por los trabajadores, mientras que las empresas de ámbito nacional serían nacionalizadas y gestionadas por los trabajadores.) Un grupo, numéricamente importante y en rápido crecimiento, propone terminar con la 'personalidad jurídica corporativa', y otros más defienden revitalizar las medidas antimonopolistas para reducir el poder corporativo. (Una de estas medidas es dividir los bancos considerados demasiado grandes para dejar que quiebren.)
En marzo de 2012, en el Foro Izquierda celebrado en Nueva York se escucharon muchas voces que proponían un retorno a la nacionalización. Incluso entre los seguidores de 'lo pequeño es hermoso' de E. F. Schumacher, hubo varios que recordaron el argumento de este histórico defensor de construir de abajo arriba:
Un abanico de nuevos teóricos han dado músculo intelectual al movimiento. Algunos, como Richard Heinberg, han insistido en las implicaciones radicales de poner fin al crecimiento económico. El ex asesor presidencial James Gustav Speth ha propuesto reestructurar todo el sistema como la única forma de abordar los problemas ecológicos en general y el crecimiento en particular. David Korten ha ofrecido una agenda para la nueva economía que pone el énfasis en las pequeñas empresas de Wall Street y en la construcción de abajo arriba. (Korten copreside el Grupo de Trabajo de la Nueva Economía, junto con John Cavanagh, en el Institute of Policy Studies.) Juliet Schor ha propuesto una concepción de la 'plenitud', orientada en buena parte hacia las medianas empresas de alta tecnología. Mi propio trabajo sobre una Comunidad Pluralista enfatiza un sistema de creación de comunidades caracterizado por una combinación de formas democratizadas de propiedad, que van desde las pequeñas cooperativas hasta las empresas de propiedad pública donde la gran escala no puede evitarse.
Autores como Herman Daly y David Bollier han ayudado, también, a establecer los fundamentos teóricos de los retos fundamentales para el logro de un crecimiento económico indefinido, por un lado, y la necesidad de trascender la economía privatizada en favor de una noción de los 'bienes comunes', por otro. La concesión del Premio Nobel de 2009 a Elinor Ostrom, por su trabajo sobre el desarrollo basado en los bienes comunes, puso de relieve el reconocimiento en otros niveles de algunos de los temas fundamentales del movimiento.
A lo largo y ancho del país, hay pensadores que están deseando reunirse y debatir nuevas ideas. El New Economic Institute, compuesto principalmente por ecologistas y economistas ecológicos, espera convocar a algunos cientos de participantes en una reunión que se celebrará en el Bard College en junio de 2012. ¡El evento agotó las invitaciones casi dos meses antes! La organización envió un mensaje electrónico rechazando cientos de peticiones que no podían ser atendidas, con la promesa de convocar una reunión mucho más grande el próximo año.
Y eso es solo un ejemplo. Entre abril y mayo de 2012, la Social Venture Network celebró su reunión anual en Stevenson, Washington. El Public Banking Institute se reunió en Filadelfia. El National Center for Employee Ownership se reunió en Minneapolis, con una asistencia que superó a todas las anteriores. Y el Business Alliance for Local Living Economies (BALLE) organizó una gran conferencia en Grand Rapids, Michigan. Otros eventos planificados para 2012 son la asamblea de la Consumer Cooperative Management Association en Filadelfia; la reunión de la Federación de Cooperativas de Trabajadores de EEUU en Boston; una conferencia de cooperativas agrícolas organizada por el Centro de Cooperativas de la Universidad de Wisconsin, y reuniones de la National Community Land Trust Network y de Bioneers. El Consejo de Empresas Sostenibles de EEUU, una red de 100.000 empresas y 300.000 personas, ha organizado varios eventos y actividades a lo largo del año.
El Movimiento Nueva Economía está implicado en un extraordinario abanico de actividades, pero tiene ante sí retos imponentes. El primero de estos se deriva de la tarea que se ha impuesto a sí mismo, nada menos que cambiar y democratizar la esencia misma de la estructura institucional del sistema económico norteamericano.
Aunque lo veamos como un objetivo a largo plazo, el movimiento se enfrenta al enorme poder de un sistema político-económico estadounidense dominado por los intereses financieros y corporativos, y sostenido por unos políticos que dependen fuertemente del músculo financiero de las elites. (Un cálculo reciente dice que unas 400 personas más ricas poseen más riqueza que 160 millones de personas más pobres.)
Un segundo desafío fundamental procede de la idea cada vez más extendida de la Nueva Economía de que el crecimiento económico debe reducirse, e incluso detenido si queremos evitar los peligros del cambio climático (y si los recursos y otros límites medioambientales deben ser abordados de forma responsable).
Para complicar todo esto, tenemos el hecho de que la mayoría de los sindicatos —la institución clave de la tradicional alianza progresista— está comprometida con el crecimiento como algo esencial —tal y como está organizada la economía en la actualidad— para conservar los puestos de trabajo.
La historia dramatiza el implacable poder de las instituciones existentes, hasta que, de alguna forma, el poder ceda ante la fuerza de los movimientos sociales. La mayor parte del movimiento Nueva Economía entiende este desafío como algo inmediato y a largo plazo, simultáneamente: cómo poner fin a las prácticas social y económicamente destructivas más notorias a corto plazo, y cómo poner las bases para una posible transformación a largo plazo.
Y promoviendo el continuo desarrollo, día tras día, año tras año, está el creciente sufrimiento económico y social que están experimentando en sus propias vidas millones de estadounidenses, así como la sensación de que algo fundamental va muy mal. El Movimiento Nueva Economía habla de esta realidad y, a pesar de todos los obstáculos —como ya sucediera con los movimientos por los derechos civiles, feminista, ecologista y tantos otros movimientos antecesores—, seguirá adelante. Si es así, la integridad de sus objetivos y el carácter práctico de sus actividades pueden ayudar a sentar las bases para una nueva era progresista de la historia de Estados Unidos. Ya está aportando una visión positiva y un cambio práctico en la vida cotidiana.
Gar Alperovitz es profesor Lionel R. Bauman de Economía Política en la Universidad de Maryland, y es uno de los fundadores de The Democracy Collaborative, así como historiador, economista político y escritor.
Traducción: Javier Villate
Publicado originalmente en: The Rise of the New Economy Movement, AlterNet, 20/05/2012
A medida que el sistema político empieza a renquear, una oleada de pensamiento innovador y audaces experimentos sacuden silenciosamente a los modelos económicos anticuados. En 'New Economic Visions', una serie especial de AlterNet en cinco partes coordinada por la redactora de economía Lynn Parramore, en colaboración con el economista político Gar Alperovitz, de Democracy Collaborative, se han reunido pensadores creativos para explorar ideas y proyectos interesantes que están dando forma a una visión filosófica y política de un movimiento que podría modificar nuestra economía.
Bajo la superficie de la tradicional atención de los medios de comunicación, algo de vital importancia va tomando fuerza y está a punto de explotar en la conciencia pública. El 'Movimiento Nueva Economía' es una reunión de organizaciones, proyectos, activistas, teóricos y ciudadanos normales comprometidos con la reconstrucción del sistema político-económico de EEUU desde abajo hacia arriba.
El objetivo general es democratizar la propiedad de la economía por parte del '99 por ciento', de una forma participativa y ecológicamente sostenible. El quid de la cuestión es el trabajo práctico aquí y ahora; y un proceso participativo que, además, esté informado por una teoría de conjunto y un conocimiento en profundidad.
Miles de proyectos —desde empresas que funcionan con energía solar a cooperativas de trabajadores y bancos públicos— están en marcha a lo largo y ancho de EEUU. Muchos de estos proyectos son concebidos conscientemente como intentos de desarrollar prototipos de 'laboratorios de democracia' a nivel estatal y local, que puedan aplicarse a escala regional y nacional cuando se den las circunstancias políticas apropiadas.
El movimiento incluye a jóvenes y mayores, gentes del movimiento 'Ocupemos', activistas estudiantiles y lo que un participante más mayor ha descrito como miles de
personas en sus sesenta años de los años 60, que se han arremangado para aplicar algunas de las lecciones de un movimiento anterior.
Explosión de energía
Una poderosa tendencia de actividad participativa abarca un abanico de modelos económicos que modifican la propiedad y los efectos ecológicos. Las cooperativas, por ejemplo, constituyen un objetivo importante, sobre todo aquellas que hacen hincapié en la participación y en las preocupaciones medioambientales. Las cooperativas Evergreen, de un barrio muy pobre de Cleveland, Ohio, cuyos habitantes son mayoritariamente de raza negra, es un ejemplo a seguir. Evergreen incluye una instalación solar propiedad de los trabajadores y una cooperativa de climatización o acondicionamiento térmico; una vanguardista lavandería comercial a escala industrial en un edificio con certificación LEED-Gold que utiliza —y, por consiguiente, tiene que calentar— solo una tercera parte del agua de otras lavanderías, y un invernadero hidropónico a gran escala —de apertura inminente—, capaz de producir tres millones de lechugas y más de 136.000 kilogramos de hierbas al año.
Los hospitales y las universidades de la zona han acordado utilizar los servicios de las cooperativas y varias ciudades —como Pittsburgh, Atlanta, Washington DC y Amarillo, Texas— están llevando a cabo experimentos similares.
Otros modelos encajan en lo que Marjorie Kelly llama 'economía generativa', emprendimientos que nutren inherentemente a la comunidad y respetan el medio ambiente. Organic Valley es una cooperativa lechera de Wisconsin cuyos ingresos son superiores a los 700 millones de dólares y reúne a casi 1.700 granjeros. Upstream 21 Corporation es una sociedad de cartera
socialmente responsableque compra y expande pequeñas empresas. La panadería Greystone Bakery es una 'corporación-B' (un nuevo tipo de corporación concebida para beneficio de los ciudadanos) de Yonkers, Nueva York, que fue creada inicialmente para ofrecer empleo a los residentes. En la actualidad, Greystone genera alrededor de 6,5 millones de dólares al año en ventas.
Recientemente, el sindicato United Steelworkers ha roto con la tradición del sindicalismo moderno y ha entrado en un acuerdo histórico con la Corporación Cooperativa Mondragón y al Employee Ownership Center de Ohio. Su objetivo es ayudar a crear cooperativas de trabajadores en EEUU siguiendo las líneas de un nuevo modelo de 'sindicalismo cooperativo'.
El movimiento es también serio sobre la incorporación de modelos anteriores. Más de 130 millones de estadounidenses ya son miembros de una u otra forma de cooperativa, sobre todo de la más conocida, la cooperativa de crédito. Así mismo, hay unas 2.000 empresas de servicios públicos de propiedad municipal, varias de ellas ecológicas. (El 25 por ciento de la electricidad de EEUU es proporcionada por cooperativas y empresas de servicios públicos.) Más de 10 millones de estadounidenses están empleados en unas 11.000 empresas propiedad de los trabajadores (compañías ESOP).
Más de 200 comunidades operan o están estableciendo fondos de tierras comunitarios que compran tierras y viviendas y los entregan a la comunidad. Cientos de 'empresas sociales' emplean los beneficios para fines sociales o comunitarios. Más allá de estas iniciativas, unas 4.500 corporaciones de desarrollo comunitario y 1,5 millones de organizaciones sin ánimo de lucro operan actualmente en todos los estados de la nación.
El movimiento incluye también las campañas 'Mueve tu dinero' y 'día de transferencia bancaria', amplias iniciativas para retirar millones de dólares de gigantes corporativos como Bank of America e ingresarlos en una u otra institución democrática o comunitaria. En relación con esto, existen otros proyectos de 'nuevas finanzas'. Por ejemplo, desde 2010, 17 estados han considerado legislaciones que establezcan bancos públicos siguiendo el ejemplo del Banco de Dakota del Norte.
Varias ciudades —entre ellas Los Angeles y Kansas City— han aprobado ordenanzas sobre 'banca responsable', que requieren a los bancos que informen sobre sus efectos en la comunidad y/o exigen a las instituciones municipales tener tratos solamente con aquellos bancos que atiendan a las necesidades de la comunidad. Otras ciudades, como San Jose y Portland, están desarrollando proyectos para retirar su dinero de los bancos de Wall Street e ingresarlos en otros bancos comerciales, bancos comunitarios o cooperativas de crédito. Políticos y activistas de San Francisco han dando un paso más allá y han propuesto la creación de un banco municipal de propiedad pública.
Hay, también, varios bancos que no son públicos ni cooperativas, pero sí son innovadores, como el New Resource Bank de San Francisco, fundado en 2006
con la idea de proporcionar nuevos recursos a empresas sostenibles y crear, en última instancia, comunidades más sostenibles. Así mismo, One PacificCoast Bank, una entidad financiera para el desarrollo comunitario de Oakland, surgió del deseo de
crear un banco importante y sostenible para el desarrollo comunitario y una organización de apoyo sin ánimo de lucro. One United Bank —el banco propiedad de un miembro de raza negra más grande de EEUU, con oficinas en Los Angeles, Boston y Miami— ha financiado préstamos por valor de más de mil millones de dólares, la mayoría en barrios de clase trabajadora.
El que fuera director general de JP Morgan, John Fullerton, ha añadido legitimidad y fuerza al debate sobre nuevas orientaciones en materia de finanzas en el Capital Institute, orientado medioambientalmente. Y en varias partes del país, se están utilizando monedas alternativas desde hace bastante tiempo, con el fin de ayudar al desarrollo de la comunidad local. Son de destacar los casos de 'BerkShares' en Great Barrington, Massachusetts, e 'Ithaca Hours' en Ithaca, Nueva York.
También están en marcha las protestas en la calle. El movimiento Ocupemos, junto con muchos otros, han utilizado cada vez más métodos de acción directa en apoyo de nuevos sistemas financieros, y en clara oposición a los existentes. El 24 de abril, más de mil personas protestaron contra las prácticas bancarias en la junta de accionistas de Wells Fargo en San Francisco. Acciones similares —algunas de ellas, ocupaciones físicas de sucursales bancarias— han tenido lugar en muchas partes del país desde que se inició el movimiento Ocupemos en 2011. Se han producido grandes manifestaciones en la junta anual de accionistas del Bank of America en mayo de 2012.
También se está discutiendo qué hacer con las grandes empresas en una 'nueva economía'. Varios abogados, como el profesor Charles Derber, del Boston College, contemplan dar representación a los trabajadores, consumidores, grupos de protección del medio ambiente y representantes de la comunidad en los consejos de administración. Otros apuntan al Fondo Permanente de Alaska, que invierte una parte importante de los ingresos mineros del estado y paga dividendos a los ciudadanos como una cuestión de derechos. Otros, como David Schweickart y Richard Wolff, proponen cambiar todo el sistema para poner énfasis en una u otra forma de propiedad y gestión de los trabajadores. (En la versión de Schweickart, las empresas más pequeñas serían gestionadas directamente por los trabajadores, mientras que las empresas de ámbito nacional serían nacionalizadas y gestionadas por los trabajadores.) Un grupo, numéricamente importante y en rápido crecimiento, propone terminar con la 'personalidad jurídica corporativa', y otros más defienden revitalizar las medidas antimonopolistas para reducir el poder corporativo. (Una de estas medidas es dividir los bancos considerados demasiado grandes para dejar que quiebren.)
En marzo de 2012, en el Foro Izquierda celebrado en Nueva York se escucharon muchas voces que proponían un retorno a la nacionalización. Incluso entre los seguidores de 'lo pequeño es hermoso' de E. F. Schumacher, hubo varios que recordaron el argumento de este histórico defensor de construir de abajo arriba:
cuando se trata de las grandes empresas, la idea de la propiedad privada se convierte en un absurdo. (Schumacher buscó constantemente modelos nacionales que se basaran en valores comunitarios y formas locales.)
Teoría y acción
Un abanico de nuevos teóricos han dado músculo intelectual al movimiento. Algunos, como Richard Heinberg, han insistido en las implicaciones radicales de poner fin al crecimiento económico. El ex asesor presidencial James Gustav Speth ha propuesto reestructurar todo el sistema como la única forma de abordar los problemas ecológicos en general y el crecimiento en particular. David Korten ha ofrecido una agenda para la nueva economía que pone el énfasis en las pequeñas empresas de Wall Street y en la construcción de abajo arriba. (Korten copreside el Grupo de Trabajo de la Nueva Economía, junto con John Cavanagh, en el Institute of Policy Studies.) Juliet Schor ha propuesto una concepción de la 'plenitud', orientada en buena parte hacia las medianas empresas de alta tecnología. Mi propio trabajo sobre una Comunidad Pluralista enfatiza un sistema de creación de comunidades caracterizado por una combinación de formas democratizadas de propiedad, que van desde las pequeñas cooperativas hasta las empresas de propiedad pública donde la gran escala no puede evitarse.
Autores como Herman Daly y David Bollier han ayudado, también, a establecer los fundamentos teóricos de los retos fundamentales para el logro de un crecimiento económico indefinido, por un lado, y la necesidad de trascender la economía privatizada en favor de una noción de los 'bienes comunes', por otro. La concesión del Premio Nobel de 2009 a Elinor Ostrom, por su trabajo sobre el desarrollo basado en los bienes comunes, puso de relieve el reconocimiento en otros niveles de algunos de los temas fundamentales del movimiento.
A lo largo y ancho del país, hay pensadores que están deseando reunirse y debatir nuevas ideas. El New Economic Institute, compuesto principalmente por ecologistas y economistas ecológicos, espera convocar a algunos cientos de participantes en una reunión que se celebrará en el Bard College en junio de 2012. ¡El evento agotó las invitaciones casi dos meses antes! La organización envió un mensaje electrónico rechazando cientos de peticiones que no podían ser atendidas, con la promesa de convocar una reunión mucho más grande el próximo año.
Y eso es solo un ejemplo. Entre abril y mayo de 2012, la Social Venture Network celebró su reunión anual en Stevenson, Washington. El Public Banking Institute se reunió en Filadelfia. El National Center for Employee Ownership se reunió en Minneapolis, con una asistencia que superó a todas las anteriores. Y el Business Alliance for Local Living Economies (BALLE) organizó una gran conferencia en Grand Rapids, Michigan. Otros eventos planificados para 2012 son la asamblea de la Consumer Cooperative Management Association en Filadelfia; la reunión de la Federación de Cooperativas de Trabajadores de EEUU en Boston; una conferencia de cooperativas agrícolas organizada por el Centro de Cooperativas de la Universidad de Wisconsin, y reuniones de la National Community Land Trust Network y de Bioneers. El Consejo de Empresas Sostenibles de EEUU, una red de 100.000 empresas y 300.000 personas, ha organizado varios eventos y actividades a lo largo del año.
Grandes desafíos
El Movimiento Nueva Economía está implicado en un extraordinario abanico de actividades, pero tiene ante sí retos imponentes. El primero de estos se deriva de la tarea que se ha impuesto a sí mismo, nada menos que cambiar y democratizar la esencia misma de la estructura institucional del sistema económico norteamericano.
Aunque lo veamos como un objetivo a largo plazo, el movimiento se enfrenta al enorme poder de un sistema político-económico estadounidense dominado por los intereses financieros y corporativos, y sostenido por unos políticos que dependen fuertemente del músculo financiero de las elites. (Un cálculo reciente dice que unas 400 personas más ricas poseen más riqueza que 160 millones de personas más pobres.)
Un segundo desafío fundamental procede de la idea cada vez más extendida de la Nueva Economía de que el crecimiento económico debe reducirse, e incluso detenido si queremos evitar los peligros del cambio climático (y si los recursos y otros límites medioambientales deben ser abordados de forma responsable).
Para complicar todo esto, tenemos el hecho de que la mayoría de los sindicatos —la institución clave de la tradicional alianza progresista— está comprometida con el crecimiento como algo esencial —tal y como está organizada la economía en la actualidad— para conservar los puestos de trabajo.
La historia dramatiza el implacable poder de las instituciones existentes, hasta que, de alguna forma, el poder ceda ante la fuerza de los movimientos sociales. La mayor parte del movimiento Nueva Economía entiende este desafío como algo inmediato y a largo plazo, simultáneamente: cómo poner fin a las prácticas social y económicamente destructivas más notorias a corto plazo, y cómo poner las bases para una posible transformación a largo plazo.
Y promoviendo el continuo desarrollo, día tras día, año tras año, está el creciente sufrimiento económico y social que están experimentando en sus propias vidas millones de estadounidenses, así como la sensación de que algo fundamental va muy mal. El Movimiento Nueva Economía habla de esta realidad y, a pesar de todos los obstáculos —como ya sucediera con los movimientos por los derechos civiles, feminista, ecologista y tantos otros movimientos antecesores—, seguirá adelante. Si es así, la integridad de sus objetivos y el carácter práctico de sus actividades pueden ayudar a sentar las bases para una nueva era progresista de la historia de Estados Unidos. Ya está aportando una visión positiva y un cambio práctico en la vida cotidiana.
Gar Alperovitz es profesor Lionel R. Bauman de Economía Política en la Universidad de Maryland, y es uno de los fundadores de The Democracy Collaborative, así como historiador, economista político y escritor.
Traducción: Javier Villate
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