La alternativa cooperativa

Mahmud Mohieldin

En una época en que los modelos convencionales de financiación, gestión corporativa y responsabilidad empresarial son cada vez más debatidos, e incluso puestos en cuestión, puede que sea el momento de revisitar el enfoque alternativo adoptado por las cooperativas económicas. Los valores fundacionales de las cooperativas incorporan no solo una visión humanista, sino también un enfoque pragmático de la producción que ha permitido que las cooperativas exitosas prosperen, y estimulen el crecimiento económico en países que lo necesitan desesperadamente.

Los movimientos cooperativistas se gestaron en las Américas, Europa, Australia y Japón en los inicios del siglo XIX. Muchos surgieron de la sencilla idea de que la gente normal podría superar las adversidades en el mercado agrupándose para comprar y vender bienes a precios razonables. Rápidamente se dieron cuenta de la existencia de beneficios adicionales derivados del conocimiento compartido entre los miembros, la promoción de la inclusión y la construcción de capital social.

Hoy, las cooperativas se han extendido por un amplio abanico de actividades y en una variedad de formas y tamaños, desde las pequeñas organizaciones de campesinos y consumidores de África, hasta algunos de los más grandes proveedores de servicios financieros y primeras marcas agrícolas de América del Norte y Europa.

Según la Alianza Cooperativa Internacional, una cooperativa es una empresa de propiedad común y democráticamente controlada. Pero bajo de esta definición, se encuentran poderosas ideas de asociación voluntaria, rendición de cuentas e interés por las comunidades a las que sirven las cooperativas.

Las cooperativas han ayudado a llevar información y servicios a comunidades rurales remotas, capacitar a los trabajadores y extender los servicios financieros, la atención médica, la educación y la vivienda. De esta forma, han transformado el paisaje económico y social de gran número de comunidades. La Alianza Cooperativa Internacional señala que más de 800 millones de personas son miembros de cooperativas en todo el mundo.

Por otra parte, las cooperativas representan una fracción importante del PIB de muchos países y una gran parte de los sectores agrícola y de consumo. Las cooperativas constituyen, también, uno de los proveedores de servicios financieros más grandes para los pobres, dando servicio a unos 78 millones de personas que viven con menos de 1,6 euros al día en todo el mundo.

Evidentemente, las cooperativas han tenido que luchar a veces para cumplir su ideal. En los casos más graves, algunos han caído víctimas de malas políticas y malas gestiones. Otros han estado expuestos a los riesgos derivados de la concentración empresarial en un sector comercial, línea de producción y/o área geográfica.

Las cooperativas también han lidiado con los problemas de entrada y salida de miembros, revelación de datos financieros y relaciones con el sector no cooperativo. Y los gobiernos han tratado a menudo con molestas cuestiones de regulación financiera y fiscal de las cooperativas, incluyendo el tratamiento de los beneficios y de las exenciones.

Ahora, en un mundo más móvil y urbano, uno podría preguntar: ¿pueden las cooperativas conservar su carácter esencial, basado en la inclusión y el conocimiento compartido dentro de una comunidad? En un mundo en el que la geografía es una barrera cada vez más pequeña para los negocios, ¿pueden las cooperativas distinguirse lo suficiente como un modelo alternativo viable? ¿O evolucionarán para servir a comunidades virtuales, organizadas en torno a nuevos desafíos y oportunidades?

La ONU ha declarado 2012 'Año de las Cooperativas'. Esto ofrece una buena oportunidad para examinar la extraordinaria historia de las cooperativas, evaluar sus fortalezas y debilidades, y reanimar el debate sobre un modelo de desarrollo que promete niveles más altos de inclusión, propiedad, autodeterminación e interés por la comunidad.

El Banco Mundial está participando en el desarrollo de cooperativas de crédito y de productores en todo el mundo. Entre los programas más destacados tenemos la Cooperativa Lechera India, que ha creado unos 250.000 puestos de trabajo, principalmente en áreas rurales. El Banco Nacional de Servicios Financieros y Ahorros de México ha ayudado a instituciones de crédito y ahorro que dan servicio a millones de residentes rurales que, de lo contrario, habrían quedado marginados del sector financiero formal.

La política del Banco Mundial ha confirmado la idea de que las organizaciones rurales de productores son elementos fundamentales del desarrollo agrícola. Y ha ayudado a los gobiernos a supervisar y regular las instituciones financieras cooperativas.

Cuando buscamos soluciones innovadoras a los retos actuales del desarrollo, debemos considerar lo que puede ofrecer el movimiento cooperativista. No se trata solo de una mayor inclusión económica, una productividad agrícola más elevada, una mayor seguridad alimentaria y una amplia estabilidad financiera, sino también lecciones sobre prácticas empresariales responsables y sostenibles, gobierno empresarial y relaciones con la comunidad. Y debemos considerar cómo facilitar la difusión de las mejores prácticas de las cooperativas mientras evitamos los errores más habituales.

El movimiento cooperativista puede ayudarnos a pensar de formas nuevas y sugerentes. El aprovechamiento de los éxitos de las cooperativas y el aprendizaje de sus errores pueden ayudarnos a ampliar el menú de opciones mientras buscamos modelos de desarrollo más incluyentes y sostenibles, así como nuevas formas de producir y compartir conocimientos.


Mahmud Mohieldin es director general del Grupo del Banco Mundial y fue ministro de inversiones de Egipto.

Publicado originalmente en: The Cooperative Alternative, Project Syndicate, 25/05/2012


Traducción: Javier Villate.

Comentarios

Entradas más leídas