Las protestas cambian la política más que los políticos

Tim Gee

Publicado originalmente en: Protest changes politics more than politicians do, New Internationalist, 9/05/2012

Aunque este artículo está escrito en referencia a las elecciones municipales británicas, creo que tiene interés para los/as lectores/as del Estado español. Se trata de una breve reflexión sobre el papel que juegan las protestas, las acciones extraparlamentarias y los movimientos sociales en los cambios políticos. Si descontamos, por reiterativo y banal, el movimiento pendular a largo plazo entre derechas e izquierdas del sistema en una dirección general perjudicial para los sectores más pobres de las sociedades y para las libertades y derechos civiles (con algunas excepciones como las referidas a los derechos de los/as homosexuales y el derecho al aborto, y ojalá no tenga que desdecirme de esto), cada vez aparece con más claridad que los verdaderos cambios sociales y políticos se juegan al margen de la actividad parlamentaria y de los partidos políticos. De lo cual, algunos, como este servidor, nos congratulamos. La política profesional es un pozo sin fondo de corrupción, oportunismo, falsas promesas, arribismo, intereses inconfesables y todo tipo de conchabeos. La participación honesta, valiosa y transformadora no pasa por esos canales putrefactos, sino por movimientos como los indignados que han surgido por todo el mundo y que cambian esperanzas, ilusiones y expectativas.



Aprovecha ahora, pueblo, para hablar, porque te vas a pasar cuatro años sin que te hagamos ni puñetero caso. Así es nuestra democracia.



En la semana siguiente a las elecciones, tipos políticos de todos los colores estudian minuciosamente los resultados y buscan su significado. Ciertamente, se pueden deducir muchas cosas, sobre todo en el nivel micro de los distritos electorales. ¿Podría haber sido sondeado mejor ese ámbito? ¿Dio frutos el trabajo del concejal? ¿Pudo haberse movilizado más eficazmente el voto?

Que estos factores han jugado un papel en las elecciones municipales de la semana pasada es algo indudable. Pero la máxima 'toda política es local' es solo parcialmente verdadera. Algunos asuntos se juegan a escala de todo el país: los conservadores tuvieron pérdidas, el apoyo a los liberales demócratas —que participan en el gobierno— sufrió una gran hemorragia, mientras que los laboristas y los verdes aumentaron sus votos a expensas de los partidos del gobierno.

Ed Miliband respondió declarando que los laboristas hemos vuelto y Jenny Jones, candidata verde para la alcaldía de Londres [1], utilizó su discurso de la noche electoral para expresar su alegría por el hecho de que los verdes se han convertido en el tercer partido de Londres, afirmando que era una recompensa al trabajo realizado.

Es cierto que casi todos los candidatos y organizadores de las campañas trabajan mucho durante las campañas electorales. Pero eso solo no explica el resultado. Una mirada a las encuestas de opinión realizadas desde 2010 muestra que el deslizamiento nacional en contra del gobierno ha sido catalizado, si no conducido, por la protesta popular.

Los conservadores se quedaron atrás en noviembre de 2010, solo unos pocos días después de que los estudiantes se manifestaran en contra de las tasas de las matrículas y ocuparan la sede del Partido Conservador en Millbank Tower. En el invierno de 2010, UK UNCUT puso el tema de la evasión fiscal en el punto de mira de los medios de comunicación ocupando tiendas de High Street, mientras los estudiantes mantenían la cuestión de las tasas en el orden del día incrementando sus protestas y ocupando las aulas. Después de esto, las encuestas mostraron un aumento en el número de personas que ven los recortes como algo injusto, excesivos, precipitados y malos para la economía, así como una radicalización de las opiniones en contra de las tasas universitarias. Los conservadores cayeron 10 puntos en los sondeos y un 29 por ciento de los votantes de los demócratas liberales dijo que probablemente no les votarían de nuevo.

Cuando 500.000 personas participaron en la Marcha por la Alternativa del 26 de marzo de 2011, las encuestas mostraron que una mayoría apoyaba la campaña en contra de las tasas universitarias. Al llegar el invierno de 2011, con las protestas del movimiento Ocupemos en los titulares de prensa, el número de personas que dijo apoyar los objetivos —si no las tácticas— del movimiento era superior al de quienes se oponían. Cuando Occupy Part 1 se desvaneció, parecía que al menos algo de aquel sentimiento antigubernamental se tradujo en votos al Partido Laborista y, donde eran una fuerza viable, a los Verdes.

Hay aquí una cierta ironía. Con la excepción de algunos sindicatos, influenciar en el voto no es un objetivo declarado de ninguno de los movimientos que parecen haber jugado un papel en ello. Ciertamente, aunque algunos activistas de los movimientos sociales hicieron campaña en favor de candidatos más radicales e, incluso, se presentaron a las elecciones, otros se negaron, considerando que el acto de votar legitima un sistema que solo ofrece una fachada de democracia. Pero el ecosistema político es más complejo de lo que permiten las estrechas visiones ideológicas. Las acciones de un grupo pueden afectar a las acciones de otros, lo pretendan o no.

Con la ayuda de sus encuestadores, muy bien pagados, probablemente los políticos saben que esto es así, pero públicamente tienden a restar importancia al efecto de los movimientos sociales en los resultados electorales. Por el contrario, afirman que las elecciones son el principal medio para el cambio social progresista y los políticos, sus principales actores. Pero las estadísticas no lo confirman. En el mejor de los casos, las elecciones son barómetros de quién tiene poder en la sociedad. Son las luchas que se producen entre las elecciones lo que cuenta.

Notas

[1] Los análisis del éxito electoral de Boris Johnson en Londres se centran en que se le ha visto como una 'marca' electoral independiente del Partido Conservador, así como en el apoyo que le ha otorgado el influyente periódico londinense The Evening Standard.


Tim Gee es autor de Counterpower: Making Change Happen.

Traducción: Javier Villate

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